El ARTE y yo
¡Bienvenido un día más a mi blog! Me alegra verte por aquí.
Sí, sé lo que estarás pensando. Esta es mi SEGUNDA entrada, me he dado cuenta. ¿Pero no te parece bonito comenzar con ilusión?
Hoy, me quería centrar en mis antiguas experiencias artísticas. Ya os adelanto que es otra dimensión., aunque no creo precisamente que eso sea bueno, ¿no? Seguramente ya sabréis que las Artes Plásticas y Visuales, en cuanto a educación se refiere, forman parte de las grandes olvidadas. Aun así, mi recorrido artístico, por llamarlo de alguna forma, no ha sido del todo descuidado.
Corría el año 1999, así que concienciaos de la existencia de dinosaurios y pinturas rupestres por aquel entonces. Si no recuerdo mal, tenía 5 años y sería la primera vez que entraba en el colegio, eso sí, con gran esfuerzo, valentía, honor, respeto, dignidad, orgullo, hombría... ¡Mentira! Llorando como un bebe al que le quitas la piruleta de fresa y nata recién comprada y lo dejas mirando como te la comes. Menudo cobarde era el que se esconde tras estas líneas, no lo sabéis bien. Pero bueno, dejando eso de lado y centrándonos en lo que debemos, recuerdo de forma agradable los momentos en los que me dedicaba, fuera o dentro de la escuela, al dibujo. Hacía cosas raras, muy raras, a parte de llorar todo el rato me refiero. Dibujaba de forma abstracta, un estilo innovador podríamos decir. Os muestro aquí algún ejemplo rescatado del baúl de los recuerdos.
Lo que os decía, ¿veis? Un día cualquiera, después de clase, mi profesora habló con mi madre acerca de los dibujos que hacía y que había gente interesada en ponerse en contacto conmigo. Suena a película de terror, ¿verdad? Finalmente nos proporcionó una dirección, la de un colegio cercano al nuestro, así que esa misma tarde nos dispusimos a ir. Agárrate porque vienen curvas. No recuerdo con lujo de detalles la sala donde nos atendieron, pero era algo así como una jefatura de estudios o similar, un despacho. Al grano, una vez nos sentamos la señora que preguntaba por mí, llamémosla ANTONIA, mantuvo una conversación conmigo tal que así (supongo que os voy a mostrar una versión resumida de todo lo que me pudo decir, no creo que recuerde más ni fuera de suprema importancia):
- Antonia: "Hola, Alfonso. Estamos muy sorprendidos con tus dibujos. Hay pocos niños que se interesen en desarrollar este tipo de habilidades."
- Alfonso: "Gracias, Antonia."
- Antonia: "¿Le sueles dedicar tiempo diariamente a practicar el dibujo?"
- Alfonso: "Me gusta dibujar bastante, al menos una o dos horas al día. Me entretengo mucho."
- Antonia: "¿De dónde viene esa inspiración, ese talento? ¿Algún familiar tuyo se dedica a pintar?
- Alfonso: "Sí, mi abuelo pinta muy a menudo."
- Antonia: "¿Enserio? Y cuéntanos, que pinta tu abuelo?
- Alfonso: "Mi abuelo pinta paredes."
Intuyo que la pobre de Antonia no esperaba aquella respuesta tan sutil. Posteriormente, intentó vendernos unos libros sobre pintura que no le interesaban ni a mi abuelo ni a mí, por supuesto. Así que nos fuimos y entendimos que la citación estaba relacionada con la venta de esos artículos, sin embargo, nos llevamos una gran anécdota que contar para toda la vida.
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